El espíritu considera al cuerpo que acaba de dejar como un vestido malo que le molestaba, y de cuyo desprendimiento se considera feliz.
Su vida pasada a la memoria del espíritu se esfueza o no de su imaginación en su vaguedad del pensamiento. Mientras más desmaterializado esté el espíritu, menos importancia atribuye a los aspectos materiales. A menudo evoca espíritus errantes, que acaban de dejar la tierra y que no recuerdan los nombres de las personas que amaban, ni muchos pormenores que nosotros nos parecen importantes. Pocos se cuidan de ellos y de eso lo olvidan. De lo que se acuerdan perfectamente es de los hechos principales que los ayudan a mejorarse.

